(¿Nuevos?) Paradigmas tecnológicos

Hablar de LibreOffice, como suite ofimática de código abierto que es, implica hablar del no-tan-nuevo paradigma tecnológico. Muchas veces este concepto se ve aplicado al campo de la educación, en tanto en cuanto las nuevas generaciones, conocidas con el absurdo neologismo de millennials, son nativas informáticas. Su propia infancia se vio rodeada por el surgimiento (o la consolidación) de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC).

Este nuevo paradigma supone, no obstante, procesos sumamente esquizofrénicos y desiguales. Al mismo tiempo que la tecnología de la comunicación alcanza a un mayor número de usuarios en todo el mundo y encuentra en sus herramientas vehículos de movilización social sin precedentes (véase el caso de Twitter en la Primavera Árabe, aún con todas sus limitaciones) también encontramos que las sociedades están crecientemente fragmentadas (véase la separación de barrios, mediante los “muros de la vergüenza” de América Latina).

Crecimiento económico y distribución de la riqueza, crecimiento y desarrollo, globalización y nacionalismo,… son todos conceptos antagónicos que, no obstante, se conjugan de manera conjunta en el mundo actual. No es de extrañar entonces que convivan el software de pago y el de código abierto y que ambos estén en un proceso de adaptación a las nuevas audiencias globales en un mundo globalizado.

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El arte abstracto ha adquirido prestigio y valor en la sociedad posmoderna. Arriba, Houses of the Holy VI, de la artista Stella Michaels.

El abaratamiento progresivo de las tecnologías de la información, especialmente de los ordenadores personales, y la asequibilidad de la conexión a internet permitieron la emergencia de una aún incipiente sociedad virtual global. Las redes virtuales (que no sociales) como Facebook, Twitter, WhatsApp, etc. permiten además no sólo la comunicación instantánea a bajo coste, sino la constitución de nuevas comunidades, formas de interacción y el establecimiento de nuevas jerarquías comunicativas.

Con todo, no podemos hablar de una alteración estructural profunda de los procesos comunicativos. Los grandes medios de comunicación, al igual que las grandes corporaciones y las empresas multinacionales siguen determinando en gran medida no sólo la información que reciben las audiencias, sino también las formas de presentación y de representación. Lo mismo sucede con los nuevos liderazgos, entre los que destaca, por su fugacidad e implantación entre las capas más jóvenes de la población, el fenómeno de YouTube (sirva de ejemplo el español Rubén Doblas Gundersen,  conocido como ElRubiusOMG). Estos nuevos creadores de contenido son respaldados a menudo por empresas comunicativas y circuitos comerciales preexistentes.

Incidiendo nuevamente en la cuestión de LibreOffice, vemos cómo realmente existe un desarrollo paralelo que no es sustantivamente diferente de las versiones privadas. Los programas ofimáticos presentan una necesidad de innovación baja, lo que sí hace especialmente útil la posibilidad de presentarlos en código abierto. No obstante, cabría preguntarse también cuáles son los límites de la lógica del código abierto. ¿Existiría un LibreOffice si, previamente, no hubiera existido un Microsoft Office? ¿Cómo sería ese office de código abierto? ¿Hasta qué punto en un modelo de producción (que no de desarrollo) capitalista puede confiarse en la iniciativa desinteresada?

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Modelo compuesto de escenario post-capitalista

El mundo actual presenta nuevas formas de interacción comunitaria y nuevos modelos sociales y económicos emergentes que tienen importantes y disputas por la hegemonía, tanto a nivel local como global. El tendero del barrio ya no sólo compiten entre sí, lo hacen también con grupos nacionales, como Mercadona o El Corte Inglés y con grupos supra-nacionales, por ejemplo Amazon o eBay. Lo mismo sucede en el mundo de la tecnología, donde además el intercambio se realiza a la velocidad de la luz y con un cierto grado de impersonalidad notable.

Ese desajuste entre la escala nacional y la transnacional ha pasado a afectar no sólo al comercio (primera etapa de la globalización) sino también a la esfera social y cultural, causando una crisis sistémica en la que actualmente nos encontramos. Como diría Bertol Brecht: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. El modelo Open Source está empezando a cuajar, con una creciente implantación en organismos públicos y privados, pero el mecanismo privado todavía no ha dado muestras de agotamiento absoluto. Sirva de ejemplo el post-materialismo de Apple, que vende productos como si fueran experiencias. Previamente desarrollado por BMW y su anuncio de coches donde no se mostraba un coche, sino la conducción como idea:

En definitiva, los valores posmodernos vienen acompañados de símbolos y síntomas propios. El individualismo no ha muerto y debe aprender a coexistir con modelos comunitaristas en una extraña simbiosis de la misma manera que iniciativa privada y colectiva deberán gestionar tensiones y contradicciones en un mundo volátil, violento y plagado de inseguridades.

Pablo Cañete Blanco

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